domingo, 23 de mayo de 2010

La crisis, una razón más para ayudar a la Iglesia


Hace poco pude asistir a una charla coloquio con la persona que se encarga de los asuntos económicos de una diócesis de España. El invitado explicaba cosas ya sabidas para muchos pero que siguen escandalizando a algunos católicos: ¿por qué no vende el Vaticano y toda la Iglesia todos sus bienes y los da a los pobres? Es una pregunta aparentemente simple y bien intencionada pero no resiste un análisis riguroso. En este enlace se explican bastantes ideas que salieron en el coloquio: si la Iglesia, que realiza una labor social inabarcable, se descapitalizara, desaparecería una máquina de hacer el bien. La Iglesia gasta en su mantenimiento lo necesario, y con que tenga de más, mayor bien puede hacer, espiritual y social. La Iglesia tiene una finalidad sobrenatural. No es una ONG. Pero parte de esa finalidad sobrenatural es la caridad. Cáritas no es sólo una organización caritativa de la Iglesia. Es la Iglesia realizando algo que “pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia” (Benedicto XVI, Deus Caritas Est). Además, recordaba el Ecónomo que la mayor parte de los bienes que ha ido recibiendo la Iglesia son indisponibles porque tienen una finalidad asignada por el donante (culto, uso eclesiástico) que no puede dejar de cumplir, si no quiere que lo reclamen otros beneficiarios del testamento.

Recojo aquí dos artículos recientes sobre este tema. Son especialmente interesantes porque sus autores no son curas ni monjas, sino un columnista de El Mundo y el director de una página financiera

Primero, el artículo “Contra la Iglesia” Salvador Sostres. Dice entre otras cosas:

  • La Iglesia católica es la primera ONG del mundo en general y también de España.
  • Cuando se habla de retirar algún presupuesto a la , estamos hablando de negar servicios sociales a la gente más necesitada, a la gente que no pude ni acceder a los servicios sociales que proporciona el Estado.
  • Con la Iglesia católica, la izquierda tiene el inconfesable problema de la envidia.
  • La Iglesia es imperfecta. Cometió errores en el pasado y los cometerá en el futuro. Pero en ninguna otra mano como la de un cura o una monja tu dinero estará tan a salvo de ninguna corrupción, ni tan cerca de ser la voluntad cumplida de la Tierra, que da sus frutos para todos
En este enlace está el artículo completo

Y luego, el del director de la página financiera Cotizalia -Alberto Artero-, que usa el pseudónimo McCoy, que lo titula de forma provocadora: La mejor X no es la del porno, animando a rellenar la casilla de la Iglesia en la declaración del IRPF.

Dice entre otras cosas:
  • Los conceptos Cáritas y pobres, se trata de sólo un ejemplo, están indisolublemente unidos. La cercanía a la labor diaria de esta institución desmonta mitos dogmáticos; acerca a mucha, demasiada, generosidad ejercida en las catacumbas del silencio y produce la satisfacción de ver que allá donde hay necesidad, está la Iglesia siempre sin mirar el carnet de identidad del necesitado, ni pedir contraprestación.
  • La Iglesia es la institución más progresista que hay en el mundo actual. Servidor asocia progreso a dos conceptos: avance y mejora. Pues bien, en la búsqueda de un uso responsable de la libertad individual y del bien social, la Iglesia está siendo mucho menos conservadora que aquellos que quieren deshumanizar la vida sobre la base de una existencia sin Dios, que, si no existiera, habría que inventarlo. Para muestra un botón: en 1980 había 36 millones más de niños que de jubilados en Europa, ahora el déficit es de 6. Eso sí, se produce un aborto cada 30 segundos. Voz que clama en el desierto. Lo mismo se podría decir en términos de estabilidad familiar, respeto por los mayores, refuerzo de la autoridad de padres y maestros o ausencia de manipulación educativa. Todo es, por supuesto, discutido y discutible pero ojalá no tengamos que decir un día, cuánta razón tenía.
  • Con la Iglesia sé lo que financio y por qué lo financio. No rellenando la casilla a favor de la Iglesia Católica me expongo a la discrecionalidad del Gobierno, de cualquier gobierno, que no hará uso de mi cuota de generosidad teniendo en cuenta mis propios intereses sino mirando por aquellos a quienes conviene subvencionar, bien para que callen o para que griten más fuerte, tanto monta, monta tanto. Y eso, intelectualmente, resulta, en mi opinión, una renuncia absurda y una cesión demasiado generosa respecto a la prácticamente única parcela de decisión que, respecto al destino de nuestros tributos, podemos adoptar.
Vale la pena leer el artículo completo.

2 comentarios:

José Luis dijo...

Te dejo por aquí otro enlace a un artículo en la misma línea. Lo escribió Paco Sánchez en la Voz de Galicia.

Santiago Chiva, Granada dijo...

Gracias, José Luis, da un enfoque muy bueno