
En un país donde el 25% de la población total acudiera semanalmente a una
reunión de una Asociación con sedes hasta en los pueblos más remotos,
llamaría la atención que ese hecho sociológico no apareciera reflejado con normalidad en los medios de comunicación. Y eso es más o menos lo que ocurre en España con la Iglesia Católica. Cuando se habla de la Iglesia en muchos
ámbitos de la vida pública, se hace con frecuencia en tono polémico y agrio. Por eso, como ciudadano de a pié que va a Misa cada domingo, voy a hablar de lo natural en
el cristianismo. Estamos en Cuaresma y millones de españoles viven la
costumbre de confesarse para tener la alegría de reconciliarse con Dios.
Decía Sarkozy, que como es sabido, no pretende ponerse de ejemplo de vida
cristiana, que la falta de sacerdotes en Francia, no ha hecho más felices a los franceses. Me ha
mucho una carta que escribió una mujer hace dos años al The Times de Londres sobre su dolor por algo que hizo mal hace muchos años. Decía: "Señor director, en 1946 salí a pasear con mi hermano en bicicleta por los alrededores de Stratford-upon-Avon. En un cruce de caminos encontramos las pertenencias de alguien. Entre ellas descubrimos un apetitoso sándwich. No lo pensamos, y aprovechando que nadie podía vernos, lo cogimos y huimos a toda velocidad para devorarlo unos kilómetros más adelante. Eran tiempos duros y ese día ni siquiera habíamos desayunado, pero eso no justifica nuestra acción. Probablemente, el sándwich pertenecía a algún campesino que trabajaba en los alrededores y que ese día no comió por culpa de nuestro robo. Todavía me arrepiento". Un cristiano que acude a la confesión sabe que la Omnipotencia de Dios logra perdonar incluso lo que no somos capaces de perdonarnos. Se puede recuperar la alegría. Pruébalo. Es gratis.
Publicado en Análisis Digital el 24 de febrero de 2008
