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viernes, 3 de abril de 2009

Leyes imposibles (impossible laws)


ABSTRACT. Governments know that they can legislate, on topics related to bioethics, laws of enforcement impossible, without an important particular social alarm. An interesting article about euthanasia in Mercatornet explains how Legalisation of euthanasia would deny the full potential of the human spirit.
Los gobiernos tienen más que comprobado que en temas de Bioética se pueden aprobar leyes de imposible cumplimiento, sin especial desgaste.
Hace unos meses Obama aprobó la investigación con células madre obtenidas eliminando embriones humanos, pero aseguró estrictos controles (algo imposible de lograr ni con cámaras de seguridad 24 horas en cada esquina de todos los laboratorios del país)
Según el Informe Hendin, al poco de aprobarse la Eutanasia en Holanda, el 60 % de los casos no eran declarados por los médicos y el 20% de los facultativos manifestaban expresamente que ellos no estaban dispuestos a hacer los informes que pedía la ley, de modo que los controles quedaban en nada.
En Bélgica, la Comisión Federal de Control y Evaluación de la Eutanasia que valoró los primeros meses de la aplicación de la ley, reconocía los límites del control de la aplicación de la ley: al final, decía, depende del respeto de los médicos a la obligación de declarar las eutanasias. Y parece ingenuo pensar que los médicos lo harán de modo que se auto inculpen.
Cuando en España se despenalizó el aborto en determinados supuestos, los requisitos enunciados en la ley y sus reglamentos, a pesar de la solemnidad jurídica que transmite el texto, no impidieron que aquello fuera un coladero del aborto libre. Es ingenuo pensar que la ley Aído, que en su fase de proyecto ha dado varios bandazos, vaya a dar con la tecla del cumplimiento estricto de la ley. Si te da igual matar un feto de 14 semanas, no te temblará el bisturí si tiene 18, 22, 24 o 36. El concepto de viabilidad fuera de la madre es algo demasiado etéreo para el que ha cogido práctica en hacer abortos y sobre todo en cobrarlos.
El efecto de “pendiente deslizante” que se da en todas estas leyes no es una consecuencia no deseada y evitable: es lo que se busca. El carácter de excepcionalidad, los supuestos, requisitos y dictámenes de comités éticos son lo pasajero, lo que sirve de medio, el peaje que hay que pagar para llegar a lo que realmente se busca: aborto libre, eutanasia a la carta o embriones en hipermercados biosanitarios.
Podemos engrosar en el número de los ingenuos o, pasar a ser integrantes de la cofradía de la vista gorda. Pero también podemos denunciar las incoherencias de estas leyes de imposible cumplimiento.

martes, 17 de febrero de 2009

SEDUCIDOS POR LA MUERTE. Un informe sobre la Eutanasia (Seduced by Death)



ABSTRACT. Seduced by Death, is a book of Herbert Hendin, avaleible now in spanish. More information about euthanasia in english, here.
Acaba de aparecer la traducción al castellano de un clásico sobre el suicidio asistido y la eutanasia: “Seducidos por la Muerte” de Herbert Hendin (Ed. Planeta). Es la obra en que se basó el Tribunal Supremo de los Estados Unidos para establecer que no existe derecho constitucional al suicidio asistido.
No es una obra cualquiera sobre la eutanasia. Es el informe serio y científico del director médico de la Suicide Prevention Internacional , y catedrático de psiquiatría del New York Medical College, que frenó a la administración Clinton cuando se disponía a sacar una ley financiada con fondos federales y el autor fue llamado a declarar, resumiendo su obra, ante el Congreso.
Herbert Hendin se había desplazado antes a Holanda para estudiar la viabilidad de esta práctica, pero el resultado fue este informe devastador, recogido en un libro que se lee como novela, aunque desgraciadamente no es una novela de ficción. Por eso, esta obra ha llegado a ser un auténtico acorazado contra la difusión de esta práctica de la que Meter Admiraal, uno de sus líderes en Holanda ha afirmado que “en aproximadamente veinticinco años, Europa puede recurrir a la eutanasia para abordar los problemas de demografía y envejecimiento”, aunque que se alegra de no estar entonces para verlo.
Una cosa es el debate social en los medios sobre este tema, casi siempre en torno a un caso límite (que nunca debería servir de base para la legislación, reguladora más bien del caso general, pues sin solución de continuidad y yendo de un caso límite a otro caso límite, y así sucesivamente, se puede llegar a todo). Y otra cosa es el estudio serio de los resultados de la eutanasia en un país, con vistas a implantarlo en el propio. Ahí es donde los gobiernos se vuelven atrás, como acaba de ocurrir en Francia.
Es de agradecer este estudio se haya hecho de forma muy amena, entremezclando la frialdad de los grandes números con la pasión de muchos relatos narrados con gran viveza y humanidad. Resultan también muy ilustrativas las conversaciones del autor con los principales promotores de la eutanasia en Holanda, que van sazonando toda la obra.
Algunos pasajes de este libro son clarificadores:
Pag. 28. “Más de la mitad de los médicos holandeses se sienten libres de sugerir el suicidio o la eutanasia a sus enfermos, lo que claramente condiciona la voluntariedad del proceso. El 60 por ciento de los casos no son comunicados, por lo que la legislación no se puede aplicar. Casi la cuarta parte de los médicos admite haber acabado con la vida de enfermos que no les habían dado su consentimiento, lo que al menos en teoría es ilegal en Holanda, como lo es en cualquier otra parte. Algunos ejemplos pueden resultar ilustrativos. Una mujer que no quería seguir cuidando a su marido enfermo le presentó la alternativa de la eutanasia o que fuese internado en una residencia para enfermos crónicos. El hombre, asustado ante la perspectiva de verse a merced de extraños, eligió morir. Un médico acabó con la vida de una monja algunos días antes de lo que hubiera ocurrido naturalmente porque padecía un gran dolor, estimando que las convicciones religiosas de la monja no le permitían pedir la muerte.”
Pag. 126. “…había más peticiones de eutanasia formuladas por los familiares que por los mismos pacientes. Este sacó la conclusión de que, frecuentemente, son la familia, los médicos y los enfermeros quienes presionan al paciente para que pida la eutanasia.”
Pag.156. “El país se ha movido desde la la eutanasia para los enfermos terminales a la eutanasia para los enfermos crónicos; desde la eutanasia para enfermedades físicas a la eutanasia para las enfermedades psicológicas, y desde la eutanasia voluntaria a la eutanasia no voluntaria y a la involuntaria… Cualquier país occidental que legalice el suicidio
médicamente asistido para los enfermos terminales se verá obligado a extenderlo de este mismo modo”
Pag. 240. “El riesgo de daño es más grande para muchas personas de nuestra sociedad cuya autonomía y bienestar están ya comprometidos por la pobreza, por la falta de acceso a una buena atención médica, la edad avanzada o su pertenencia a un grupo social estigmatizado”
En el video que aparece a continuación, el doctor Alvaro Gándara explica como un enfermo puede saberse con un sentido para vivir, como en el caso de la Doctora Sendino. O puede sentirse una carga -cuando muchos hablan de lo caro, molesto e inhumano que resulta vivir con una enfermedad crónica incurable- y entonces es fácil que acabe pidiendo la eutanasia porque el enfermo es siempre la parte más débil del sistema.