sábado, 15 de agosto de 2009

El aborto obligatorio de Caamaño


Los defensores del aborto libre no suelen enseñar todas sus cartas. Hasta hace poco su estrategia era pedir por la vía legal menos de lo que querían (aborto en casos extremos), para llegar luego por la vía de hecho lo que de verdad buscaban (aborto en todos los casos). Ahora, para cambiar una ley juegan a lo contrario: piden más de lo que pueden conseguir (aborto libre para las niñas y obligación de todo médico de realizar abortos) para lograr al menos el aborto libre en determinados plazos. Es la llamada jugada de la cabra.
Quizá la propuesta del ministro Caamaño de impedir la objeción de conciencia a los médicos ha sido la estrategia más excéntrica que se les ha ocurrido. Y aunque sea sólo una táctica, refleja que tipo de persona vela por la Justicia desde el Ministerio.
Si Caamaño lograra que todos los médicos abortaran, ningún facultativo criticaría la política abortista. Y los que no quisieran, aprenderían qué significa una reubicación profesional.
He recordado, con motivo de este comentario, dos libros que expresan algunas consecuencias de obligar a actuar contra la propia conciencia. En “Ébano”, de Ryszard Kapuscinski, al narrar el genocidio de Ruanda, cuenta que los líderes de las matanzas se propusieron que todos los ciudadanos se implicaran en los asesinatos. Así no habría nadie inocente capaz de echar nada en cara a nadie cuando todo terminara. El otro libro es “Si esto es un hombre”, de Primo Levi, químico judío italiano que sufrió las torturas de los campos de exterminio nazis, en el que comenta la retorcida intención con que los dirigentes de los campos encargaban a algunos judíos tareas de control y de castigo de los demás prisioneros. Si no querían desempeñar esa tarea sabían que posiblemente tendrían el mismo mal trato que todos y por tanto mayores posibilidades de morir.
“Yo curo, no mato. Si quieres matar a un ser humano de pocos meses, a mí no me impliques” es lo que cualquier profesional sanitario podría responder, con la ley en la mano, al Ministro de Justicia.

9 comentarios:

Urbek dijo...

Al final habrá que eliminar el derecho a la objeción de conciencia en este país debido a la desvirtuación que los integristas religiosos están haciendo de él. Ahora son los católicos negándose a interrumpir embarazos, pronto los testigos de jehova se negarán a realizar transfusiones, los musulmanes pedirán permiso para realizar ablaciones de clítoris, los hindúes se negarán a tratar a los que consideren intocables, y así. O algo más directo: habrá que prohibir la religión.

Santiago Chiva, Granada dijo...

Urbek: lo que tu propones es la consecuencia de lo que propone el ministro. Pero no olvides que prohibir la religión es acabar con la libertad. No todos los ejemplos que pones son análogos y por eso son confusos. Unos suponen que no todos son iguales, otros la posibilidad de inetrvenciones quirúrgicas denigrantes.

Urbek dijo...

No, el ministro lo que está diciendo es que va a haber que establecer más claramente qué es eso del derecho a no cumplir la ley, porque su uso irresponsable por parte de fanáticos religosos nos está metiendo en un callejón sin salida.

El derecho a la objeción de conciencia es un derecho extrañísimo que repugnaba a los sabios griegos, y no por nada, pues sabían que suponía abrir la puerta a la anarquía y al caos pues cada cual puede hacer de su conciencia un sayo y legitimar con ella cualquier arbitrariedad.

¿Qué pasaría si un miembro del ejército o de las fuerzas y cuerpos de seguridad se negara a aplicar la violencia en cumplimiento de su trabajo? Los ejércitos se profesionalizan precisamente para que sus miembros se comprometan libremente en que cumplirán con su cometido. Algo parecido ocurre con los médicos de la Sanidad Pública. Éstos tienen que cumplir a rajatabla con lo que la ley les marca o abandonar su puesto, que no les pertenece a ellos, sino a la institución del Estado que cumple la función social correspondiente.

Santiago Chiva, Granada dijo...

Estoy contigo en que en principio una ley debe cumplirse. Pero piensa que no hay que ser fanático religioso para que te repugne coger un bisturí y cortar un cuello pequeño de un ser humano en estado fetal. O, como en el aborto por nacimiento parcial, para sacar el cuerpecito y meter una pieza metálica en la cabeza del niño para destrozarle el cerebro. Hay ateos y agnósticos, gentes de izquierda que no lo harían jamás. La profesión médica quedaría sólo en unos de gente sin escrúpulos. El cometido del médico nunca es matar, sino curar. Fijate además en que el tema del aborto es uno de los más polémicos: hasta en EEUU empieza a haber una mayoría pro-vida. Tu planteamineto haría aún mayor la sima social. Un saludo,

Urbek dijo...

La repugnancia y el sentimentalismo no es ningún argumento jurídico ni ético. Por ejemplo, a mí me repugna más la idea de que se obligue a una mujer a tener al fruto de una violación. A otras muchas personas les repugna la idea de abrir en canal el vientre de una mujer para realizarle una cesárea, a otros les da asco ver a dos hombres besarse, etc. Si una persona se hace médico es precisamente porque ha superado muchas de esos escrúpulos, y tolera la sangre, las vísceras, el sufrimiento, etc., etc. El sentimentalismo y la visceralidad son posturas subjetivistas que no aportan nada al debate sobre si debe permitirse el aborto o no, sin embargo muchos antiabortistas siguen enarbolando imágenes de fetos como argumento, al modo en el que las mendigas gitanas rumanas usan a sus niños para conmover y atraer donativos.

Santiago Chiva, Granada dijo...

Los sentimientos dicen algo, pero, efectivamente, no son la base. La base es la recta razón: si eliminamos el derecho a la vida en un plazo temporal por acuerdo social, porque así nos quitamos de enmedio a los enfermos o simplemente a los no deseados se abre la caja de pandora para seguir fijando otros plazos en un futuro. Los deficientes mentales sobrarían también cuando ya hayan nacido, como de hecho se plantean ya en Holanda. O hay un derecho por naturaleza o la llevamos clara: al final dependemos de lo que diga un parlamento que no siempre refleja lo que piensa el pueblo que muchas veces mira esos temas como asuntos de especialista que a ellos no les va a afectar.

Urbek dijo...

"si eliminamos el derecho a la vida en un plazo temporal por acuerdo social, porque así nos quitamos de enmedio a los enfermos o simplemente a los no deseados se abre la caja de pandora para seguir fijando otros plazos en un futuro."

¿Pero quién está eliminando el derecho a la vida? La discusión sobre el aborto es mucho más compleja. ¿Derecho a la vida de qué? ¿Un blastocito es digno de ser considerado un semejante? Y sobre todo, ¿tenemos legitimidad para otorgar ese derecho al nasciturus cuando su salvaguarda en todo caso conculca los derechos de la mujer? Piense usted que la vida de los deficientes mentales -y otros individuos de cuyo valor existencial pueda dudarse a la luz de una concepción utilitarista- puede ser protegida sin vulnerar el derecho de ninguna otra persona. Para ello no hay más que articular los mecanismos de ayuda social pertinentes. Pero proteger que los fetos nazcan a toda costa pone en peligro la integridad física y psíquica de la mujer, y además conculca su libertad de planificarse la existencia de un modo racional y de acuerdo a sus creencias y sus condiciones socioeconómicas. Por ello el TC ha dictaminado en varias sentencias (1985, 1996, 1999, etc) que el nascituirus no está sujeto al derecho a la vida, aunque ello no quiera decir que carezca de todo valor.


"O hay un derecho por naturaleza o la llevamos clara"

Pues despierte de su ilusión platónica, porque no existen derechos naturales. Váyase usted en medio de la selva con la carta de Derechos Humanos, a ver si los leones se los respetan. ¡Así de aperreada es nuestra vida!, y por ello debemos esforzarnos en justificar lo mejor que podamos el reconocimiento de derechos en función a su capacidad para posibilitar la convivencia. He ahí la grandiosidad del ser humano, a quien la suerte de su existencia ha sido puesta en sus manos. Los valores son entidades subjetivas que los sujetos ponemos en los objetos. De la misma manera que es ridículo buscar el valor del dinero en el papel moneda, es ridículo buscar el valor del ser humano en su ADN. Si tener derechos fuera tan natural como tener un páncreas no habría más que sentarse a esperar que echasen a funcionar. Pero no. Los valores son construcciones de la inteligencia humana, y sólo en el marco del reconocimiento de la comunidad alcanzan efectividad. Por ello la gran cuestión es, ¿cómo hacemos para que un valor se justifique de la mejor manera posible?


"al final dependemos de lo que diga un parlamento que no siempre refleja lo que piensa el pueblo que muchas veces mira esos temas como asuntos de especialista a quien a ellos no va a afectar"

Pues efectivamente. Si conoce una manera mejor de ordenar el poder político estaría bien que nos iluminara a ese respecto.

maisa dijo...

Urbek creo que no se puede hablar contigo porque utilizas el relativismo como arma para defender lo indefendible. EL ser humano es un ser superior, inteligente y libre, tiene espiritu y materia y es reflejo de su creador. De ahí su dignidad. Por eso todo ser humano (blastocito es una nomenclatura cientifica) desde su concepción tiene por su naturaleza el derecho a vivir. y pienso que no te has leido bien el artículo sobre los efectos psíquicos de la mujer que aborta. Se trata de salvar a la madre y al hijo, no uno a costa del otro.

Eugenio M. Olivares-Merino dijo...

Urbek, no te ofendas, pero eres un auténtico maestro de la demagogia.
1. Los derechos del nasciturus nunca irán en contra de los derechos de la mujer. Plantear una colisión de los mismos es una falacia.
2. No pretendo legislar con mi conciencia, pero nadie puede inmiscuirse en ella.
3. Negarle al feto la condición de ser humano, o sujetar ésta a plazos, es un planteamiento acientífico. Hay abundante, masiva, bibliografía al respecto. Lo que sucede es que esta cuestión se evita.
4. Sentimentalismo y sensiblería son dos de los condimentos que está usando el gobierno para adornar su campaña.
Saludos desde Utopía.