
Aquilino Polaino, catedrático de Psiquiatría, al ser consultado en el Senado sobre la adopción de niños por parte de parejas gays ha aportado los datos que tiene: lo que le han dicho sus 162 pacientes gays. No es el poseedor de la verdad, pero si muchos de esos 162 pacientes, tienen un padre violento o alcohólico o una madre sobreprotectora y exigente, sería un pobre servicio a la ciencia médica si negase esos datos. Además ha hecho referencia a la estabilidad de las parejas homosexuales y ha recordado un estudio de la Federación Estatal de Lesbianas y Gays de 2002, que señala que un gay tiene, a lo largo de su vida, una media de 39 relaciones estables. Otro dato, esta vez aceptado por gays y lesbianas.
Imagino que sus 162 pacientes gays no van al médico por afición: necesitan una ayuda facultativa. Tampoco es creíble que vayan al médico contra su voluntad. Luego, la experiencia que él –y sus pacientes- tienen es que hay una patología, al menos en esos 162 casos. Tampoco aquí afirmo que sea el poseedor de la verdad ni de que todos los gays sean enfermos; pero sí se reconocerá al menos que muchos gays -no uno ni dos- con nombres y apellidos, no quieren llevar una vida al estilo gay sino como heterosexuales, y lo logran, porque no creen que su vida tenga un destino inmutable. Que esas personas necesiten apoyo médico no las hace peores ni genera homofobia. Es la condición humana: el que no tiene una necesidad médica, tiene otra o la tendrá.
Todos estos datos se pueden intentar rebatir científicamente, con otros datos, pero no se puede hacer un linchamiento mediático: se le ha llamado catedrático de la homofobia; se ha pedido que se le expulse del Colegio de Médicos…Y todo eso, en un ejercicio de imprudencia, sin leer lo que ha dicho, cogiendo frases sueltas e interpretándolas. Recuerda al caso del comisario europeo Buttiglione, rechazado por sus opiniones sobre la familia. Y al de Ake Green, pastor protestante sueco, encarcelado por criticar el “matrimonio” gay. Estos linchamientos políticamente correctos me hacen sospechar que la libertad de expresión y la libertad de cátedra salen perdiendo, si finalmente sale esta reforma del Derecho de familia.
Editada el XLSemanal (sin enlace en Internet)
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